El helado es por mérito propio un alimento de primer orden. Me lanzo al prolijo mundo de la crítica gastronómica enfocada en un único manjar, el helado y por el que como diría más de uno y una, buscaría por cielo, mar y aire hasta encontrar la piedra filosofal heladera. Sevilla de unos años para acá, nos ha agraciado con algunas de las mejores heladerías (que el señor las conserve por muchos años) y hemos pasado del helado de hielo pinchado en un palo y el flasgolosina peleón a poder degustar esquisiteces propias del mismísimo Milán y del afamado mundo italiano (en materia heladera).
Aquí no hay nada "vintage", no hay una expresa querencia por lo antiguo, creo que ahora hay muchísimos mejores helados que antes y quitando algunas afamadas heladerías que conservan su histórica carta, el resto ha apostado por innovar y bien que lo agradecemos los consumidores de esta esquisitez.
Por ello comenzaré a visitar (más bien, revisitar) una a una cada casa de helados comentando sus gracias y desgracias, en la esperanza de que quién lea esta columna, sepa aprovechar y compartir mis gustos y opiniones. En algunos casos agrandaremos el simple hecho de comer helado con hablar de sus inigualables propiedades alimenticias, aunque no es el objeto de este blog, puesto que tengo la misma idea que cualquiera de proteínas, grasas, carbohidratos y todas esas gaitas. Y mí, principalmente me mueven las papilas gustativas, que ya es bastante. Comenzamos la búsqueda del manjar perdido...
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