HELADERÍA BOLAS


La primera Heladería Bolas se encuentra en el nº 3 de la Calle Santa María la Blanca. Allí conocí a la amable señora que te daba a probar cada uno de los ocurrentes sabores que creaba su marido. A decir verdad conformaban un tándem inmejorable. Allí probé hasta un helado de Gin Tonic. Las paredes estaban forradas de fotografías de clientes sonriendo, algunos famosos, otros menos, pero todos mostraban su felicidad helado en ristre. Luego ha venido un nuevo local y otros dos más (a menos que alguien me lo desmienta) en calle Castilla y en La Cuesta del Rosario. Yo voy a centrarme en el primer local. Hoy luce reformado y con la zona de creación de helados al fondo. Luminoso, colorido, acogedor, pero a veces poco iluminado, lo que le resta "algo" de presencia. El mostrador es amplio, limpio, muy higiénico, colorido y poco dado al barroquismo (del que a veces se peca en otras heladerías), cosa que se agradece. 
Los precios están bien visibles, los tamaños de tarrinas son adecuados y en materia de precios, sería deseable (en toda Sevilla) que se relajaran algo los precios. A fecha de redacción de este artículo la tarrina mediana (en la que se pueden mezclar sabores) vale 3,80 €. 
El personal es amable, siempre atiende con una sonrisa, ahora son dos jóvenes bastante efectivos que hacen bien su trabajo y además ofrecen la posibilidad de degustar previamente el sabor. Como he dicho, no es barato el helado en Sevilla, por eso es bueno ofrecer previamente esta opción, aunque en esta heladería es además un incentivo. La tarrina o el cucurucho son generosamente llenados y también se agradece, aunque podrían ser algo más generosos (reconozco que soy un vicioso del helado), pero como digo está bastante bien.
Entrando en materia gastronómica la carta de sabores es uno de los puntos fuertes de la casa Bolas (Helados arte-sanos como ellos mismos se llaman). Sabores como "sex on the snow", "caramelo a la sal", "crema rusa", "chocolate belga", "menta y chocolate", "queso con higos", "té verde" o los más conocidos "stracciatella", "turrón", "chocolate blanco" y los fruta como "mango", "melocotón", "limón", "melón" o "fresa" ofrecen una amplia posibilidad de investigar y de aventurarse a probar. 

El helado tiene un sabor equilibrado y natural, algo que delata su artesanía al igual que su excelente cremosidad (el mejor secreto para obtener un helado de diez). Al paladar el sabor se aprecia de manera distintiva sin que lo dulce lo maquille innecesariamente, como digo sabiamente equilibrado. La conservación es excelente y no se observan grumos, ni escarcha (algo letal para el helado de calidad) lo que lo hace al paladar un auténtico manjar. 
Son recomendables todos los sabores pero donde destaca Bolas es en las creaciones más exóticas que tienen en el mostrador-vitrina. Tienen además helados sin azúcar (escasos sabores) y productos sin lactosa.     
En definitiva, este helado está a la altura de los mejores del mundo y podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que un/a italiano/a valorará este helado como uno de los mejores que haya probado. Cualquiera que haya estado en Italia puede dar fe de lo que digo y como conclusión, tenemos la suerte de poder disfrutarlo en nuestra ciudad.  

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